El gigante del diseño barato y los fines de semana sin demasiado que hacer, IKEA, ha admitido que los beneficios que generan en realidad los gestiona una entidad en el paraíso fiscal de Lichtenstein. El fundador de estas tiendas que son descritas con exactitud por Dante como uno de los niveles del infierno, al cual van las parejas que en vida no supieron decidirse si decorar la cocina en color tapioca o beige asilvestrado, ha hecho estas confesiones momentos antes de que un programa de la televisión sueca las hiciese por él. Será una cuestión de educación premonitoria.


Parece ser que el laberíntico diseño de las tiendas está basado en hechos reales; el entramado fiscal con el que el ricachón Ingvar Kamprad se puede permitir una vida a todo tren en Suiza, más concretamente en Lausana. Por lo visto, la empresa raíz sería Interogo, con sede en Luxemburgo, que desvía los beneficios a Lichtenstein. Y estos beneficios no es que sean pocos; ya que en 2009 se embolsó más de 2.500€ vendiendo rompecabezas y aparatejos inútiles. El fundador, de 87 años, ha declarado que todo esto se debe a que pretende mantener el control de la empresa dentro de la familia y a optimizar recursos, a lo que los herederos han respondido con un rotundo “Olé tus huevos”. Pues nada, a optimizar se ha dicho!

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