Que en Escandinavia hace mucho frio, no es una sorpresa. Sólo hace falta mirar los mapamundis para ver toda la zona teñida de un blanco que incluso al más insensible le pone, al menos, la piel de gallina. A mi esto no me importa. Bueno, de hecho, me molesta de la misma manera que los tórridos veranos de la península ibérica.

Al caso, ahora que las agradables temperaturas de los últimos días vuelven a la normalidad, es impresionante ver la bahía de Gamla Stan, y su canal principal, cubiertos por una capa de hielo que hace que todo el tráfico marítimo se tenga que ver paralizado hasta nuevo aviso.

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