Los Vikingos es una película que nunca me cansaré de ver; además, me viene como anillo al dedo para este blog ya que como su nombre indica (muy claramente), trata sobre los antepasados de aquellos a los que ahora puedo llamar “vecinos”. Dudo que cualquiera que ronde la treintena no la haya visto porque en los ochenta era carne de cañón para aquellas entrañables “tardes de sobremesa” que nuestro querido ente público nos brindaba como oportunidad para  relajarnos del tedio veraniego; aquel mágico momento entre la comilona y la vuelta a la playa.

Rodada en 1957 entre Francia e Inglaterra, Los Vikingos narra la historia de Einar (Kirk Douglas) y Eric (Tony Curtis), dos medio-hermanos enfrentados por una mujer; Morgana (Janet Leigh) y un país, Inglaterra. La historia transcurre a finales del primer milenio, entre Albión (que mal suena si no se le añade “pérfida” antes, ¿no?) y las tierras que en este blog nos ocupan; mi adorada Escandinavia.

Con unos actores en estado de gracia, y en su máximo momento de esplendor, Richard Fleischer no lo tiene muy difícil para grabarnos a fuego en la retina momentos inolvidables como el de Douglas bailando sobre los remos del barco vikingo (drakkar), la perdida del ojo de Einar o la épica batalla en lo alto de la torre del final.

La película pega una bofetada en la cara a todos los subproductos actuales ya que con un presupuesto con el que ahora mismo un alumno de la Universidad de Los Ángeles no tendría ni para hacerse un café (5 millones de dólares), elabora una historia de aventuras y romance que, a mi parecer, no pasará de moda jamás.

Pues eso, si quieres aprender sobre la historia escandinava y de paso pasar un rato inolvidable la compras (ups, no, que no puedes) o la alquilas (jajajaja). Si no puedes de ninguna de estas dos maneras te la descargas la buscas por ahí.

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